domingo 4 de octubre de 2009

Dear Mr President

En esta ocasión tengo que felicitar a Pink por esta excelente cación, que merece la pena escuchar y con la que comprendemos las dimensiones del ser humano en todo su explendor y en todos los sentidos...



A veces como un lobo, a veces como un cordero, a veces como un lobo con piel de cordero, a veces como un cordero con piel de lobo... ese es el ser humano.

lunes 3 de agosto de 2009

Homo homini lupus

A veces las personas se comportan como animales, pero irracionales. Una muestra de esto es el comportamiento del protagonista del siguiente relato. Su nombre es Mikel Equis, tiene 24 años y vive en una gran ciudad. Él piensa que todo vale, que cuando el hombre se enfrenta a animales de la misma especie el mundo se transforma en una selva. Una selva en la que, como decía antes, todo vale.

Una noche Mikel se duchó, se afeitó, se peinó y se echó medio litro de perfume para salir. Salir un domingo, vaya barbaridad –pensaba su abuela. Mikel es un chaval normal, que hace las cosas propias de su edad: sale con sus amigos, se divierte, asiste periódicamente a sus clases de ingeniería química… Pero cuando sale por la puerta cada noche, se transforma. Cree que todo vale.

Aquella noche, tras el ritual de aseo salió a la calle en busca de un colega con el que pasaría la noche. Esa noche irían a “cazar” daba igual quién fuera la presa. Mikel y Arnold se encontraron en la parada de metro de al lado de su casa y decidieron ir al bar de siempre para tomar unas cervezas. Primero una, después otra, después otra… en fin, la rutina.

A las 4 decidieron cambiar de bar, continuaron tomando copas. Qué lastima, esa rubia se me ha escapado –le comentaba Arnold a Mikel. Bueno no te preocupes, no habrá peces en el mar… -le replicaba su amigo. Entraron en el segundo bar y continuaron la noche tomando copas. En un punto exacto de la noche, la ruta estaba clara, el último pub abierto en la ciudad: “el Xanzi”.

Para su sorpresa el local estaba vacío, sólo había dos chicas en la pista. Tenían pinta de estar borrachas, como ellos, por eso las entraron. Suponían que empezaba la verdadera cacería. Susana y Cristina les miraron. Entre mirada y mirada los chicos atacaron. Otra copa y el bar cerraría ya era tarde, debían darse prisa. Por desgracia el bar cerro antes de tiempo y Mikel y Arnold se quedaron con las ganas.

Cristina decidió invitarles a ellos y a su amiga a su casa a tomar la última. Las cosas se liaron, todo hay que decirlo. Cristina acabo enrollándose con Arnold. Estaba claro. Mikel veía clarísima su posición. Sería él el que atacaría ahora. Pero cuando se quiso dar cuenta Susana estaba durmiendo a pierna suelta en el sofá. Mierda, se me ha jodido la noche -pensó Mikel. Así él se puso a dormir a su lado. De todas maneras ¿qué podía hacer si no?

En un momento de confusión entre sueños lúcidos y borrachera Mikel se levantó corriendo del sofá intentando buscar desesperadamente un baño. Pero ¿qué mierda de alcohol dan en estos bares? –se lamentaba Mikel. Corrió en todas direcciones. Decidió abrir una puerta, no podía aguantarse ni un minuto más. El compañero de piso de Cristina, que ya estaba levantado para ir a clase, le miro con extrañeza. ¿Qué haces tío?, ¿tú quién eres? ¡sal de aquí! –le grito.

Estoy buscando el baño –le replicó Mikel. Pues aquí no es –el chico cerro la puerta de mala baba. ¡Bien lo encontré! –pensó Mikel. Entro en el baño. Vómitos y diarrea se sucedieron. El chico estaba sentado en la taza del váter echando todo lo que tenía en el cuerpo. Mierda, me he cagado en los calzoncillos, ahora si que no voy a poder cazar, ¿o sí? –pensó. Ni corto ni perezoso se limpió el culo, se levantó de la taza y se quitó pantalones y calzoncillos. Mierda, esta puta cadena no va, pero qué cojones… Al tirar de nuevo de la cadena observó como el agua comenzaba a subir. No por favor, ahora esto no… más problemas –se decía.

Allí estaba Mikel, borracho, desnudo de cintura para abajo, con un montón de mierda y de vómitos que rebosaban por la taza del váter y unos calzoncillos cagados. Tengo que cazar sí o sí –reflexiono. De repente, en un arrebato de locura, lanzó los calzoncillos por la ventana. Seguro que ni se dan cuenta, si estas tías son gilipollas –pensó. Ni corto ni perezoso se vistió, dejo la ventana abierta y salió del baño. Se volvió a recostar en el sofá junto a Susana.

Cuando Susana despertó Mikel se lanzó, comenzó a besarla. Susana no notó nada extraño hasta que al tocar su cintura por debajo de la camiseta descubrió que aquel desconocido que tenía al lado no llevaba calzoncillos. Hay que joderse, puto pervertido, yo me largo de aquí –pensaba Susana. La chica hizo como si no hubiera pasado nada, se ahorró sus preguntas y volvió a dormirse.

Cuando ya estaba bien entrado el día Cristina y Arnold se levantaron. Arnold se hizo un porro. Lo fumaron entre los tres, Susana seguía dormida. Llegó la hora de marcharse, Mikel dejo su teléfono a Cristina para que se lo diera a Susana. La chica que quedaba despierta decidió caer también en las redes de Morfeo. Por la tarde las chicas se levantaron, comieron y comenzaron a hablar de la noche anterior.

Esto se nos ha ido de las manos colega –le decía Cristina a Susana. Su amiga asintió y se quedó unos minutos en silencio. Tía ese pive era un cerdo, un pervertido o yo qué sé –comentó Susana. ¿Por qué?, ¿qué te ha hecho? –preguntó su amiga. No llevaba calzoncillos. Cristina empezó a contarle que su compañero de piso había visto a Mikel entre noche levantarse y se había metido en su cuarto, preguntaba por el servicio. Pues ahora que lo dices me despertó sin querer entre noche, creo que vendría de allí –dijo Susana.

Otra vez se hizo el silencio. Empezaron a dilucidar el porqué de que el chaval no llevara calzoncillos. Tía a que este se metió en el baño que no era. Mira que se lo dije, entrad en este que el otro está estropeado. Las dos muchachas fueron al baño que estaba estropeado. La taza del váter estaba hasta arriba de agua, había restos de mierda y la ventana estaba abierta. Joder el váter está atascado –dijo Cristina. ¿Te imaginas que ha tirado los calzoncillos por el váter? –dijo Susana. Las dos chicas comenzaron a reírse sin control imaginando un montón de historias acerca de lo que podía haber sucedido con los calzoncillos.

Puto hijo de puta, como me haya tirado los calzoncillos al váter se va a enterar, ¿no los podría haber tirado por la ventana o algo? –dijo Cristina. Las dos reían sin parar. Concluyeron aquella tarde cuando Susana comentó que tenía que irse a casa. Todo paso al olvido, hasta un par de días después. Cristina estaba en su casa viendo la tele y sonó el timbre. Al abrir la puerta se encontró a la vecina del primero, se quejaba porque la habían mojado el techo, creía que el agua venía del baño.

En un momento de la conversación la mujer preguntó: “¿se os han caído unos calzoncillos por la ventana? Es que han caído en mi patio”. Cristina lo negó y despacho a la vecina. Tras cerrar la puerta comenzó a reírse a pecho partido. Lo mismo hizo Susana cuando cogió el teléfono minutos después y su amiga le contó el incidente. Vaya un cerdo el hijo de puta –selló Susana.

¿Homo homini lupus?

miércoles 8 de julio de 2009

"Nadie podía ser feliz al lado de Tristan"

“Some people hear their own inner
voices with great cleanness, and they
live by what they hear. Such people
become crazy, or they become legends
...”, o lo que es lo mismo: “algunas
personas oyen sus propias voces
interiores con gran claridad, y actúan
según lo que oyen. Esas personas se
vuelven locas, o se convierten en
leyendas…”.


(Arriba a la derecha, foto): "Todo guerrero espera que una buena muerte le encuentre.
Pero Tristan no pudo esperar. Él se fue a buscar la suya".


Así comienza la película, “Legends of the Fall” (Leyendas de Pasión), protagonizada por Anthony Hopkins, Brad Pitt, Aidan Quinn y Julia Ormond entre otros. Siempre me ha gustado y he visto en el personaje de Tristan Ludlow (Brad Pitt) uno de mis personajes favoritos, por no decir mi favorito. Así cito unos párrafos que encontré en una web muy interesante sobre él y los Ludlows, que le describe a la perfección:

<<"Nadie podía ser feliz al lado de Tristan". En una conversación, Alfred estaba enfadado y le hizo un reproche a Tristan: "Seguí todas las reglas. Las de Dios, las de los hombres…, tú no seguiste ninguna, y todos te quisieron más a ti, incluso mi propia esposa".

La vida de Tristan estuvo llena de desgracias, vivió mucho tiempo y soportó la muerte de todos sus seres queridos. Tristan murió siendo viejo, atacado por el mismo oso que él no había querido matar cuando era joven, aunque nadie supo porqué. En fin, como dijo One Stab, "Tristan tuvo una buena muerte">>.



miércoles 27 de mayo de 2009

Verdad, verdad...


La Verdad. Uff… qué será eso, vaya locura de término, y vaya locos los que piensan acerca de ella.

El sentimiento de “Verdad”, de poder sentir cosas verdaderas, me atreveré a decir, es el primer síntoma de haber encontrado el camino que nacimos para recorrer. Es un sentimiento muy personal, de otra categoría que antes no se había alcanzado porque no se sabía de su existencia más que en la teoría; y se ha hallado a través de una constante búsqueda en todo lo que nos rodea, pero sobre todo, dentro de uno mismo. Allí empieza a nacer, en lo más profundo del alma. Echa las raíces en un lugar al cual ninguna mano humana puede acceder.

Este sentimiento o conocimiento de la Verdad podría, consecuentemente, hacernos compañeros inseparables de la libertad. Ésta a su vez volvería a evocarnos la Verdad, y así se entraría en un círculo vicioso perfecto que desembocaría en la autorrealización y en un progresivo y constante crecimiento personal.





¿A alguien se le ocurre algo más parecido a la felicidad?

Lo único que se me escapa es dónde se encuentra la Verdad, esta aventura a la felicidad es menester personal de cada uno.